Vergüenza. Una palabra resume la participación de la selección mexicana en el Mundial 2026. ¿Cómo pudo un país anfitrión, que invirtió miles de millones en estadios e infraestructura, ser eliminado en la primera ronda frente a su propia afición?
*¿Quién es el responsable?*
1. *La Federación Mexicana de Fútbol*: Un completo fracaso administrativo. Años de favoritismo y selección de jugadores basada en la reputación en lugar de la habilidad. Sin proyecto, sin visión. Solo “A ver si pasamos la fase de grupos”.
2. *El entrenador*: Un cobarde táctico. Sin plan, sin identidad de juego y sustituciones de última hora. Entraba a cada partido con miedo y salía derrotado.
3. *Los jugadores*: ¿Dónde están los profesionales? ¿Dónde está el carácter? Se dejaron llevar por la presión del público en lugar de canalizarla. Un equipo sin espíritu ni garra.
*El resultado*: Tres partidos, un desempeño mediocre, una eliminación humillante. Mientras Estados Unidos y Canadá celebran su clasificación, los mexicanos lloran en su propia tierra.
*En conclusión*
Ser sede del Mundial no es un regalo. Es una prueba, y México ha fallado.
Si no se produce una verdadera revolución en el fútbol mexicano ahora, tendremos que esperar otros 20 años para ver a “El Tri” romper la maldición de la octava ronda.
El Mundial de 2026 debería haber sido el comienzo de la gloria. Se ha convertido en una vergüenza.